Transcribo lo que he respondido a una persona que defiende que lo que ha hecho EE. UU es un acto que vulnera el derecho internacional y la soberanía de Venezuela. Que Maduro sea un autócrata no legitima saltarse las normas internacionales que limitan el uso de la fuerza entre Estados.

Mi respuesta fue:

Permitame responderle desde los principios de la Escuela de Salamanca,

La Escuela de Salamanca, especialmente en autores como Francisco de Vitoria y Juan de Mariana, introduce una idea revolucionaria para su tiempo: el poder político no es absoluto, está subordinado a la ley natural y al bien común (esto último, algunos del partido se les ha olvidado). Cuando el gobernante se convierte en tirano – es decir, gobierna contra su pueblo – pierde legitimidad moral (este es el quid).

En ese marco, Juan de Mariana llega a sostener que la eliminación del tirano puede ser moralmente lícita en circunstancias extremas. No como exaltación de la violencia, sino como último recurso ante la destrucción sistemática del orden justo. El regicidio no era un gesto impulsivo, sino una hipótesis límite dentro de una arquitectura moral rigurosa.

Cierto es que el derecho internacional no puede usarse para tapar crímenes – no equivale a una defensa del regicidio, pero sí comparte una intuición estructural con Salamanca:

👉 la legalidad no legitima la tiranía.
👉 la forma no absuelve el daño.
👉 el poder que viola a su pueblo se auto-desautoriza.

La Escuela de Salamanca pensaba en términos pre-modernos, donde la responsabilidad podía recaer en la acción individual extrema. El marco contemporáneo desplaza esa lógica hacia mecanismos colectivos: justicia internacional, sanciones, tribunales, aislamiento diplomático. No se trata de matar al tirano, sino de retirarle toda coartada normativa (creo que va a ser juzgado, habrá que esperar a ver los cargos que le imputan).

Dicho con ironía contenida: la Escuela de Salamanca preguntaba si es lícito eliminar al tirano; hoy la pregunta es por qué seguimos permitiendo que se esconda detrás del derecho. No es una apología de la violencia, sino una denuncia de la impunidad vestida de legalidad.

Así que sí: hay parentesco filosófico, pero no continuidad literal entre los dos pensamientos (invocando el derecho internacional no se pueden tapar los crímenes cometidos por un dictador contra su pueblo, y las injerencias de este dictador en otros estados y el derecho al regicidio). La herencia no es el acto, sino la idea incómoda que lo precede: ningún orden jurídico puede exigir obediencia cuando se ha divorciado de la justicia.

Y esa idea, todavía hoy, sigue siendo profundamente subversiva.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies